Saliendo de noche bajo la lluvia para volver al hogar. Caminando total y completamente solo por una desértica calle húmeda que cada vez se humedece más. Esperar el colectivo en una parada a medio desmoronar, viendo que no hay absolutamente ni la más mínima señal de un vehículo por el lugar donde debería venir. Esperar. Ver algo acercarse lentamente, sin luces. Pararlo por si acaso, subir, sacar el boleto veinticinco centavos más barato de lo que debería, sentarse atrás. Darse cuenta de que el gusto musical del colectivero es totalmente incompatible con el propio, buscar auriculares, desenredarlos toscamente y llevarlos a los correspondientes oídos. Activar la música sólo para silenciar aquello que suena ahí. Pensar cosas estúpidas y sin sentido, como que los remiseros tienen mejor gusto musical que los colectiveros. Quedarse dormido. Despertarse sin saber dónde se está, creer estar volviendo de un lugar del que no se está volviendo... y finalmente, reubicarse. Dormirse otra vez, pasarse una parada. Caminar por las calles oscuras y recordar una promesa hecha tiempo atrás. Llegar a casa y la leve pero persistente sensación de no entrar que se aparece al estar frente a la puerta.
Sunday.
